Besos y los mejores deseos para las mamás y papás que vinieron a mi curso , toda la felicidad del mundo para ellos, que tengan hermosos partos y gracias por confiar en mi.
26 de febrero de 2011
Curso preparto Febrero 2011
Besos y los mejores deseos para las mamás y papás que vinieron a mi curso , toda la felicidad del mundo para ellos, que tengan hermosos partos y gracias por confiar en mi.
24 de febrero de 2011
18 de febrero de 2011
Libros y links recomendados
MICHEL ODENT
- EL bebé es un mamífero.
- La vida fetal, el nacimiento y el futuro de la humanidad.
- Las funciones de los orgasmos.
SHEILA KITZINGER
- Embarazo y nacimiento
- Nacer en casa.
- No llores más.
BEATRIJS SMULDERS
- Parto seguro
- Embarazo seguro
DAVID CHAMBERLAIN
- La mente del bebé recién nacido.
JILL E. HOPKINS
- Dando la bienvenida al alma del niño.
THÉRÈSE BERTHERAT
- Con el consentimiento del cuerpo
CARLOS GONZALEZ
- Bésame mucho.
- Un regalo para toda la vida.
ROSA JOVE
- Dormir sin lágrimas
- Crianza feliz
JEAN LIEDLOFF
- El concepto del continuum
SUE GERHART
- El amor maternal
FREDERICK LEBOYER .
- Por un nacimiento sin violencia.
- El part: crònica d’un viatge.
THOMAS VERNY
- La vida secreta del niño antes de nacer
- El vinculo afectivo con el niño que va a nacer.
- El futuro bebé.
DEEPAK CHOPRA
- Un comienzo mágico para una vida fascinante.
ÀNGELS TORRAS
- Vincles: gestació, part i criança conscients.
LAURA GUTMAN
- Maternidad: encuentro con la sombra.
- Puerperios y otras exploraciones del alma humana.
- Crianza
MEREDITH SMALL
- Nuestros hijos y nosotros
EMMI PIKLER
- Moverse en libertad
CRISTINA ROMERO
- Pintara los soles de su camino
(llibre on line)
ADOLFO GOMEZ PAPI
- El poder de las caricias
LINKS
www.crianzanatural.com
www.holistika.net
www.donallum.org
www.elpartoesnuestro.es
www.nacerencasa.org
www.anepeducacion.org
www.llevadores.org
www.doulasconciencia.com
www.masajeinfantil.es
www.vacunacionlibre.org
www.acpam.org
www.albalactanciamaterna.org
www.donaimare.com
www.eutokiapartofeliz.wordpress.com
www.part-respectuos.blogspot.com
www.9mesos.com
www.tucomadre.es
www.araterapia.com
- EL bebé es un mamífero.
- La vida fetal, el nacimiento y el futuro de la humanidad.
- Las funciones de los orgasmos.
SHEILA KITZINGER
- Embarazo y nacimiento
- Nacer en casa.
- No llores más.
BEATRIJS SMULDERS
- Parto seguro
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DAVID CHAMBERLAIN
- La mente del bebé recién nacido.
JILL E. HOPKINS
- Dando la bienvenida al alma del niño.
THÉRÈSE BERTHERAT
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CARLOS GONZALEZ
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ROSA JOVE
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- Crianza feliz
JEAN LIEDLOFF
- El concepto del continuum
SUE GERHART
- El amor maternal
FREDERICK LEBOYER .
- Por un nacimiento sin violencia.
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THOMAS VERNY
- La vida secreta del niño antes de nacer
- El vinculo afectivo con el niño que va a nacer.
- El futuro bebé.
DEEPAK CHOPRA
- Un comienzo mágico para una vida fascinante.
ÀNGELS TORRAS
- Vincles: gestació, part i criança conscients.
LAURA GUTMAN
- Maternidad: encuentro con la sombra.
- Puerperios y otras exploraciones del alma humana.
- Crianza
MEREDITH SMALL
- Nuestros hijos y nosotros
EMMI PIKLER
- Moverse en libertad
CRISTINA ROMERO
- Pintara los soles de su camino
(llibre on line)
ADOLFO GOMEZ PAPI
- El poder de las caricias
LINKS
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www.holistika.net
www.donallum.org
www.elpartoesnuestro.es
www.nacerencasa.org
www.anepeducacion.org
www.llevadores.org
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17 de febrero de 2011
Nota de Materna sobre el control de esfinteres.
¿Adiós Pañales?
Que el bebé deje de usar pañales es un hito indudable de su crecimiento, pero no siempre es fácil reconocer cuándo es momento de ayudarlo en esta transición.
“Cuando mis dos primeros hijos cumplieron los dos años, al llegar el verano comenzaba con la titánica tarea de enseñarles a dejar el pañal. Cada uno me llevó meses de agotamiento, sudor y lágrimas. Con los últimos dos hijos, con sólo acordarme de aquellos esfuerzos ya me agotaba, con lo cual decidí esperar a que el proceso se diera solo. ¡Podés creer que terminaron dejando los pañales a la misma edad que sus hermanos mayores!”, cuenta Sarita, experimentada madre de cuatro.
La experiencia de esta mamá sirve para desterrar un mito: el verano no es la mejor época para este proceso, ni es algo que deba iniciarse con el segundo cumpleaños necesariamente. Si bien a partir de esta edad se considera que un bebé puede estar suficientemente maduro para controlar esfínteres, la fecha en que finalmente ocurre depende del tiempo propio de cada bebé. No es algo que pueda aprenderse ni enseñarse, como a andar en bicicleta o a usar los cubiertos.
Al igual que con los primeros pasos y palabras, sólo queda esperar que lleguen o, a lo sumo, favorecer las condiciones para su aparición.
Entonces, el quid de esta cuestión parece radicar en detectar cuándo el bebé esta listo. La madre podrá basarse en una serie de signos sencillos.
Para empezar, el bebé hablará sobre el tema. Ya sea porque avisa cuando él mismo hace o porque lo señala en los demás, es un indicador de que ha tomado conciencia de estos procesos. Además, de distintas maneras, manifestará querer estar limpio: no soportará tener el pañal mojado o sucio, pedirá que se lo cambien y quizás hasta se negará a que le pongan uno nuevo. En plena edad de imitación, probablemente querrá copiar a los más grandes en sus hábitos para ir al baño. Por último, sólo será exitosa esta misión si ya sabe desvestirse solo.
Cuando el bebé muestre estos síntomas, el primer paso será traer una pelela a la casa (puede ser una pelela propiamente o un adaptador del inodoro) y sentarlo un par de veces por día. En todo este proceso no debe haber ni presiones ni críticas por parte de los adultos. Una segunda medida es sacarle los pañales algunas horas por día. Buenas maneras de ayudarlo y acompañarlo son: darle una dieta rica en fibras –por ejemplo, una manzana por día–, hacer que beba mucha agua, y vestirlo con ropa fácil de sacar y poner, sin cierres, botones o tiradores.
Si todo viene bien, irá alcanzando distintas conquistas y –al cabo de un tiempo que puede variar entre las dos semanas y los seis meses– estará perfectamente preparado para usar el inodoro, tanto en su casa como en otros lugares, de día y de noche. Además de enseñarle a usar la pelela, en este entrenamiento deben incluirse tareas asociadas, como vestirse y desvestirse bien, secarse y –fundamental– lavarse bien las manos cada vez que va a al baño.
Si en algún punto el proceso se trunca, no sirve de nada insistir: será cuestión de olvidarse del tema y reflotarlo unos meses más adelante. También puede ocurrir que un chico perfectamente encarrillado en el proceso vuelva a hacerse encima por un cambio en su vida, como una mudanza o el comienzo del jardín. Hasta los cuatro años es común que tenga “accidentes” de manera ocasional.
Para tranquilidad de la madre y del bebé, nunca debe acelerarse el tiempo natural de cada uno. En este caso, como en muchos otros, “los de afuera son de palo”. Ni los dos años, ni el verano son el momento ideal para hacerlo si el bebé no está preparado. Ya la Naturaleza mostrará sus signos en cada bebé y los papás podrán detectar cómo ayudarla.
Que el bebé deje de usar pañales es un hito indudable de su crecimiento, pero no siempre es fácil reconocer cuándo es momento de ayudarlo en esta transición.
“Cuando mis dos primeros hijos cumplieron los dos años, al llegar el verano comenzaba con la titánica tarea de enseñarles a dejar el pañal. Cada uno me llevó meses de agotamiento, sudor y lágrimas. Con los últimos dos hijos, con sólo acordarme de aquellos esfuerzos ya me agotaba, con lo cual decidí esperar a que el proceso se diera solo. ¡Podés creer que terminaron dejando los pañales a la misma edad que sus hermanos mayores!”, cuenta Sarita, experimentada madre de cuatro.
La experiencia de esta mamá sirve para desterrar un mito: el verano no es la mejor época para este proceso, ni es algo que deba iniciarse con el segundo cumpleaños necesariamente. Si bien a partir de esta edad se considera que un bebé puede estar suficientemente maduro para controlar esfínteres, la fecha en que finalmente ocurre depende del tiempo propio de cada bebé. No es algo que pueda aprenderse ni enseñarse, como a andar en bicicleta o a usar los cubiertos.
Al igual que con los primeros pasos y palabras, sólo queda esperar que lleguen o, a lo sumo, favorecer las condiciones para su aparición.
Entonces, el quid de esta cuestión parece radicar en detectar cuándo el bebé esta listo. La madre podrá basarse en una serie de signos sencillos.
Para empezar, el bebé hablará sobre el tema. Ya sea porque avisa cuando él mismo hace o porque lo señala en los demás, es un indicador de que ha tomado conciencia de estos procesos. Además, de distintas maneras, manifestará querer estar limpio: no soportará tener el pañal mojado o sucio, pedirá que se lo cambien y quizás hasta se negará a que le pongan uno nuevo. En plena edad de imitación, probablemente querrá copiar a los más grandes en sus hábitos para ir al baño. Por último, sólo será exitosa esta misión si ya sabe desvestirse solo.
Cuando el bebé muestre estos síntomas, el primer paso será traer una pelela a la casa (puede ser una pelela propiamente o un adaptador del inodoro) y sentarlo un par de veces por día. En todo este proceso no debe haber ni presiones ni críticas por parte de los adultos. Una segunda medida es sacarle los pañales algunas horas por día. Buenas maneras de ayudarlo y acompañarlo son: darle una dieta rica en fibras –por ejemplo, una manzana por día–, hacer que beba mucha agua, y vestirlo con ropa fácil de sacar y poner, sin cierres, botones o tiradores.
Si todo viene bien, irá alcanzando distintas conquistas y –al cabo de un tiempo que puede variar entre las dos semanas y los seis meses– estará perfectamente preparado para usar el inodoro, tanto en su casa como en otros lugares, de día y de noche. Además de enseñarle a usar la pelela, en este entrenamiento deben incluirse tareas asociadas, como vestirse y desvestirse bien, secarse y –fundamental– lavarse bien las manos cada vez que va a al baño.
Si en algún punto el proceso se trunca, no sirve de nada insistir: será cuestión de olvidarse del tema y reflotarlo unos meses más adelante. También puede ocurrir que un chico perfectamente encarrillado en el proceso vuelva a hacerse encima por un cambio en su vida, como una mudanza o el comienzo del jardín. Hasta los cuatro años es común que tenga “accidentes” de manera ocasional.
Para tranquilidad de la madre y del bebé, nunca debe acelerarse el tiempo natural de cada uno. En este caso, como en muchos otros, “los de afuera son de palo”. Ni los dos años, ni el verano son el momento ideal para hacerlo si el bebé no está preparado. Ya la Naturaleza mostrará sus signos en cada bebé y los papás podrán detectar cómo ayudarla.
13 de febrero de 2011
· Portando otro angelito ·: Rebozos mexicanos. Sus usos profesionales y en mat...
· Portando otro angelito ·: Rebozos mexicanos. Sus usos profesionales y en mat...: "He recuperado una lámina de Naoli Vinaver, que adquirí en el curso de Hipnonacimiento sobre el uso de los rebozos mexicanos en el proceso de..."
Maternar con amor: En defensa de la lactancia
Maternar con amor: En defensa de la lactancia: "En estos últimos días estuvieron rondando en los medios de comunicación dos noticias relacionadas con la lactancia materna que hacen que u..."
4 de febrero de 2011
Separaciones tempranas (Laura Gutman )
La necesidad básica primordial de todo niño humano, es el contacto corporal y emocional permanente con otro ser humano. No es más complicado que “eso”. Sin embargo, algo que debería ser sencillo y espontáneo, lo hemos convertido en un problema. Casi todos apuntamos a que el niño pequeño “no nos moleste”. Es extraño. Ninguna otra especie de mamíferos pretendería algo tan insólito de su propia cría. Pero para los humanos es común determinar que lo mejor es “dejarlo llorar”, “que no se mal acostumbre” o “que no se vuelva caprichoso”. Y nos resulta totalmente habitual que el cuerpo del niño esté separado: Solo en su cuna. Solo en su cochecito. Solo en su sillita.
Apenas nace, suponemos que debería dormir solo. Crece un poco, y ya opinamos que es grande para pedir brazos o mimos. Y si crece un poco más, es grande para quedarse en casa. Luego es grande para llorar. Después es grande para no quedarse en una fiesta de cumpleaños. Y por supuesto, siempre es grande para hacerse pis, o para tener miedo de los mosquitos o para no querer ir a la escuela. Si todo lo que necesitaba desde el momento de su nacimiento fue contacto y no lo obtuvo, sabe que su destino es quedarse solo. La necesidad de contacto no desaparece al no obtenerla, entonces su mejor opción será cambiar el modelo de llamada hacia un sistema más “escuchable” para el adulto y posiblemente más molesto. Generalmente el niño enferma. Casi todos los niños están enfermos de soledad. Pero los adultos no reconocemos en la enfermedad del niño, la necesidad desplazada de contacto y presencia.
Ahora bien, si cada uno de nosotros tuviésemos la valentía de recordar y sentir el dolor sufrido a causa de los métodos de crianza y educación que hemos padecido, y si pudiésemos ponernos las manos sobre el corazón y recordar las vejaciones, humillaciones y desamparos que hemos sufrido siendo niños, comprenderemos que todo esto se trata de una revancha. Descargamos la impaciencia, la incomprensión, la desdicha y el odio del que fuimos víctimas. Ahora pretendemos salvarnos y no tocar al niño, porque tocar nos duele. Nos duele el cuerpo rígido por falta de amor, nos duele la moral, nos duele el alma. ¿Estamos dispuestos a hacer algo por las futuras generaciones? Entonces resolvamos nuestro dolor infantil y pongamos nuestro cuerpo a disposición de quienes son niños hoy.
Laura Gutman
Apenas nace, suponemos que debería dormir solo. Crece un poco, y ya opinamos que es grande para pedir brazos o mimos. Y si crece un poco más, es grande para quedarse en casa. Luego es grande para llorar. Después es grande para no quedarse en una fiesta de cumpleaños. Y por supuesto, siempre es grande para hacerse pis, o para tener miedo de los mosquitos o para no querer ir a la escuela. Si todo lo que necesitaba desde el momento de su nacimiento fue contacto y no lo obtuvo, sabe que su destino es quedarse solo. La necesidad de contacto no desaparece al no obtenerla, entonces su mejor opción será cambiar el modelo de llamada hacia un sistema más “escuchable” para el adulto y posiblemente más molesto. Generalmente el niño enferma. Casi todos los niños están enfermos de soledad. Pero los adultos no reconocemos en la enfermedad del niño, la necesidad desplazada de contacto y presencia.
Ahora bien, si cada uno de nosotros tuviésemos la valentía de recordar y sentir el dolor sufrido a causa de los métodos de crianza y educación que hemos padecido, y si pudiésemos ponernos las manos sobre el corazón y recordar las vejaciones, humillaciones y desamparos que hemos sufrido siendo niños, comprenderemos que todo esto se trata de una revancha. Descargamos la impaciencia, la incomprensión, la desdicha y el odio del que fuimos víctimas. Ahora pretendemos salvarnos y no tocar al niño, porque tocar nos duele. Nos duele el cuerpo rígido por falta de amor, nos duele la moral, nos duele el alma. ¿Estamos dispuestos a hacer algo por las futuras generaciones? Entonces resolvamos nuestro dolor infantil y pongamos nuestro cuerpo a disposición de quienes son niños hoy.
Laura Gutman
Colecho o cama familiar
Como colecho se entiende dormir con tus hijos. Se puede hacer desde dormir en la misma cama, como tener una cuna especialmente diseñada para ir adosada a la cama familiar, o bien usar una cuna convencional sin uno de los lados y adosarla a la cama donde duermen los padres. Muchas veces, en lugar de una cuna se pone otra cama individual adosada a la cama mayor.
Las ventajas del colecho son muchas y variadas. Pero el problema es que en casi cualquier libro o artículo sobre el tema de sueño infantil, se desaconseja que los niños duerman con sus padres. ¿ Porqué ? Una de las causas es el peligro de ahogar o aplastarles mientras se está dormido. El peligro no es ninguna nimiedad, pero de la misma manera que difícilmente caemos de la cama, es poco probable que acabemos encima de nuestro hijo. Hasta los más acérrimos defensores del colecho desaconsejan practicarlo cuando se está muy cansado, se ha tomado drogas (fumar incluido) o bebido alcohol, o se está muy obeso. Simplemente, son factores de riesgo que aumentan la posibilidad de tal peligro, pero fuera de esos casos, no hay mayor alarma que la de poder caer de la cama mientras dormimos. De hecho, es mucho más peligroso dormirse en un sofá con el bebé en el regazo que compartir cama con él. Se tiene que tener cuidado de que el bebé no pueda quedar atrapado entre la pared y el colchón o entre dos colchones. Dos detalles más : cuando el bebé es muy pequeño, la madre tiene una especial conexión con él, pero el padre suele tardar algunos meses en darse cuenta de su pequeña presencia, así que se recomienda que el bebé no se sitúe entre la madre y el padre sino entre la madre y el final de la cama. Además, están contraindicadas camas de agua o superficies muy mullidas, así como almohadas que pudieran sofocar al bebé.
Aún y así, ¿ porqué esta popular creencia de que dormir con los bebés es malo ? Desde más allá incluso de la Edad Media, en muchos casos nacían más hijos de los que se podía alimentar. Entonces, ocurría que "por accidente", empezaron a morir muchos lactantes "fortuitamente" aplastados por sus progenitores. La Iglesia tomó cartas en el asunto y prohibieron que los hijos durmieran con sus padres para evitar más infanticidios por este método.
La raza humana, durante toda nuestra historia desde que éramos unos primates que vivíamos en cuevas, ha practicado el colecho. Es solamente en los últimos 150 años, con la llegada de casas con varias habitaciones, que se separa a los bebés para que duerman lejos de sus padres. Durante cientos de años, las madres amamantaban a sus bebés durante la noche, casi sin despertarse. Los bebés recibían protección, afirmación emocional, "lecciones de como respirar", calor y leche materna. Si el bebé tiene alguna dificultad, si vomita, o tiene frío, los padres están a su lado para socorrerle. De hecho, si la temperatura corporal del bebé sube demasiado, la de la madre baja para compensarlo. La proximidad con su madre estimula la lactancia materna. Los niños que duermen con sus padres amamantan más a menudo que los que duermen en otra habitación (casi el doble y durante casi 3 veces más tiempo). Esto hace que tengan un ritmo de sueño distinto. Su fase profunda de sueño es mucho menor, con lo que el riesgo de la muerte súbita (que se supone ocurre en esta fase) es más bajo. Además, el desarrollo neuronal ocurre en su máximo esplendor en la fase de sueño menos profunda, con lo que al practicar colecho, no sólo se le da más leche materna, que es ideal para su protección fisiológica, sino que se está potenciando su desarrollo mental.
En países como en Japón, donde el colecho es la norma, el índice de muerte súbita del lactante es uno de los más bajos del mundo.
Los niños que duermen al lado de su madre lloran mucho menos frecuentemente y están menos tiempo despiertos. La madre, muchas veces, se da cuenta de las necesidades de su bebé pocos segundos antes de que él las solicite, con lo que se evitan muchos lloros. La comodidad de no tener que levantarse de la cama, sobre todo en época de frío, hace que la madre y el bebé normalmente vuelvan a dormirse casi enseguida. De hecho, muchas veces la madre no sabe exactamente cuantas veces se ha despertado, porque en realidad ¡ no se ha llegado a despertar del todo !
Las ventajas del colecho son muchas y variadas. Pero el problema es que en casi cualquier libro o artículo sobre el tema de sueño infantil, se desaconseja que los niños duerman con sus padres. ¿ Porqué ? Una de las causas es el peligro de ahogar o aplastarles mientras se está dormido. El peligro no es ninguna nimiedad, pero de la misma manera que difícilmente caemos de la cama, es poco probable que acabemos encima de nuestro hijo. Hasta los más acérrimos defensores del colecho desaconsejan practicarlo cuando se está muy cansado, se ha tomado drogas (fumar incluido) o bebido alcohol, o se está muy obeso. Simplemente, son factores de riesgo que aumentan la posibilidad de tal peligro, pero fuera de esos casos, no hay mayor alarma que la de poder caer de la cama mientras dormimos. De hecho, es mucho más peligroso dormirse en un sofá con el bebé en el regazo que compartir cama con él. Se tiene que tener cuidado de que el bebé no pueda quedar atrapado entre la pared y el colchón o entre dos colchones. Dos detalles más : cuando el bebé es muy pequeño, la madre tiene una especial conexión con él, pero el padre suele tardar algunos meses en darse cuenta de su pequeña presencia, así que se recomienda que el bebé no se sitúe entre la madre y el padre sino entre la madre y el final de la cama. Además, están contraindicadas camas de agua o superficies muy mullidas, así como almohadas que pudieran sofocar al bebé.
Aún y así, ¿ porqué esta popular creencia de que dormir con los bebés es malo ? Desde más allá incluso de la Edad Media, en muchos casos nacían más hijos de los que se podía alimentar. Entonces, ocurría que "por accidente", empezaron a morir muchos lactantes "fortuitamente" aplastados por sus progenitores. La Iglesia tomó cartas en el asunto y prohibieron que los hijos durmieran con sus padres para evitar más infanticidios por este método.
La raza humana, durante toda nuestra historia desde que éramos unos primates que vivíamos en cuevas, ha practicado el colecho. Es solamente en los últimos 150 años, con la llegada de casas con varias habitaciones, que se separa a los bebés para que duerman lejos de sus padres. Durante cientos de años, las madres amamantaban a sus bebés durante la noche, casi sin despertarse. Los bebés recibían protección, afirmación emocional, "lecciones de como respirar", calor y leche materna. Si el bebé tiene alguna dificultad, si vomita, o tiene frío, los padres están a su lado para socorrerle. De hecho, si la temperatura corporal del bebé sube demasiado, la de la madre baja para compensarlo. La proximidad con su madre estimula la lactancia materna. Los niños que duermen con sus padres amamantan más a menudo que los que duermen en otra habitación (casi el doble y durante casi 3 veces más tiempo). Esto hace que tengan un ritmo de sueño distinto. Su fase profunda de sueño es mucho menor, con lo que el riesgo de la muerte súbita (que se supone ocurre en esta fase) es más bajo. Además, el desarrollo neuronal ocurre en su máximo esplendor en la fase de sueño menos profunda, con lo que al practicar colecho, no sólo se le da más leche materna, que es ideal para su protección fisiológica, sino que se está potenciando su desarrollo mental.
En países como en Japón, donde el colecho es la norma, el índice de muerte súbita del lactante es uno de los más bajos del mundo.
Los niños que duermen al lado de su madre lloran mucho menos frecuentemente y están menos tiempo despiertos. La madre, muchas veces, se da cuenta de las necesidades de su bebé pocos segundos antes de que él las solicite, con lo que se evitan muchos lloros. La comodidad de no tener que levantarse de la cama, sobre todo en época de frío, hace que la madre y el bebé normalmente vuelvan a dormirse casi enseguida. De hecho, muchas veces la madre no sabe exactamente cuantas veces se ha despertado, porque en realidad ¡ no se ha llegado a despertar del todo !
colecho
Colecho hasta los 5 años de edad (http://hijosdelmundo.blogspot.com )
Uno de los expertos británicos más importantes en salud mental infantil ha aconsejado a los padres olvidarse de años de convenciones y permitir que sus hijos duerman con ellos en la cama hasta los 5 años de edad. Margot Sunderland, directora de educación del Centro para la Salud Mental Infantil de Londres, dice que la práctica conocida como colecho aumenta la probabilidad de que los niños crezcan sanos y tranquilos. Sunderland, autora de 20 libros, perfila su consejo en su libro "La Ciencia de Ser Padres". Y está tan segura de los hallazgos del nuevo libro, basado en 800 estudios científicos, que pide que a los visitadores sanitarios se les repartan folletos para informar a los padres sobre el colecho.
Sunderland argumenta que la práctica habitual en Inglaterra de adiestrar a los niños para que duerman solos desde las pocas semanas de edad es perjudicial, porque cualquier separación de los padres incrementa el flujo de hormonas del estrés como el cortisol. Sus resultados se basan en avances científicos de los últimos 20 años sobre cómo se desarrolla el cerebro del niño y en estudios que han utilizado scanners para analizar cómo reaccionan en circunstancias especiales. Por ejemplo, un estudio neurológico de hace 3 años mostraba cómo un niño separado de uno de sus padres experimenta una actividad cerebral similar a un niño con dolor físico.
Sunderland cree también que la práctica actual se basa en actitudes sociales que deberían ser abandonadas: "Existe un tabú en este país referente a que los niños duerman con sus padres" dijo. "Lo que he hecho en este libro es presentar la evidencia científica. Estudios en todo el mundo demuestran que el colecho hasta los 5 años supone una inversión para el niño. Los niños pueden sufrir ansiedad por la separación hasta los 5 años o más, lo que puede afectarles en la vida posterior. Esto se calma con el colecho". Los síntomas pueden ser también físicos. Sunderland cita un estudio que demostró que un 70% de mujeres que no habían sido consoladas cuando lloraban de niñas, desarrollaron en la edad adulta problemas digestivos.
El libro de Sunderland la enfrenta a gurús de la educación ampliamente leídos como Gina Ford, cuyos consejos son seguidos por miles de padres. Ford aboga por establecer rutinas de sueño para bebés desde una edad muy temprana en cunas "separados del resto de la casa" y enseñarles a los bebés a dormir "sin la ayuda de los adultos". En su libro "Guía completa de sueño para bebés y niños satisfechos" escribe que los padres necesitan tiempo para ellos. "El compartir la cama con los niños termina con frecuencia con los padres durmiendo en habitaciones separadas y con madres exhaustas, una situación que aporta una gran presión en la familia como un todo".
Annette Mountford, jefa ejecutiva de la organización de padres "Lazos de familia" confirmó que la norma en Inglaterra para los niños era animarles para que durmieran en sus camas y sus cunas, a menudo en habitaciones separadas, desde una edad temprana. "Los padres necesitan su espacio" dijo. "Existen beneficios claros en el hecho de introducir a los niños en su propia rutina de sueño en su propio espacio"
Contrariamente, Sunderland dice que cambiar a los niños a sus camas desde que tienen semanas de edad, incluso si lloran por la noche, ha demostrado incrementar el nivel de cortisol. Estudios con niños menores de 5 años demuestran que en más del 90% de los casos, el nivel de cortisol aumenta cuando van a la guardería y en el 75% de los casos disminuye al volver a casa.
El profesor Jaak Panksepp, especialista en neurociencia de la Universidad Estatal de Washington y que ha escrito el prólogo del libro, dice que los argumentos de Sunderland son "una historia coherente consistente con la neurociencia. Una sociedad avanzada debería tenerlo en cuenta".
Sunderland argumenta que poner a los niños a dormir solos es un fenómeno occidental que puede incrementar la posibilidad de muerte en la cuna, también conocida como Síndrome de Muerte Súbita del Lacante (SMSL). Esto puede suceder porque el niño echa de menos el efecto calmante que el estar tumbado junto a su madre ejerce en la respiración y en la función cardiaca. "En el Reino Unido mueren 500 niños al año por SMSL" escribe Sunderland. "En China, donde el colecho es práctica habitual, el SMSL es tan raro que no tiene nombre".
Este artículo ha sido escrito por Sian Griffiths y traducido por Ofelia Urzainqui del grupo Vía Láctea.
Uno de los expertos británicos más importantes en salud mental infantil ha aconsejado a los padres olvidarse de años de convenciones y permitir que sus hijos duerman con ellos en la cama hasta los 5 años de edad. Margot Sunderland, directora de educación del Centro para la Salud Mental Infantil de Londres, dice que la práctica conocida como colecho aumenta la probabilidad de que los niños crezcan sanos y tranquilos. Sunderland, autora de 20 libros, perfila su consejo en su libro "La Ciencia de Ser Padres". Y está tan segura de los hallazgos del nuevo libro, basado en 800 estudios científicos, que pide que a los visitadores sanitarios se les repartan folletos para informar a los padres sobre el colecho.
Sunderland argumenta que la práctica habitual en Inglaterra de adiestrar a los niños para que duerman solos desde las pocas semanas de edad es perjudicial, porque cualquier separación de los padres incrementa el flujo de hormonas del estrés como el cortisol. Sus resultados se basan en avances científicos de los últimos 20 años sobre cómo se desarrolla el cerebro del niño y en estudios que han utilizado scanners para analizar cómo reaccionan en circunstancias especiales. Por ejemplo, un estudio neurológico de hace 3 años mostraba cómo un niño separado de uno de sus padres experimenta una actividad cerebral similar a un niño con dolor físico.
Sunderland cree también que la práctica actual se basa en actitudes sociales que deberían ser abandonadas: "Existe un tabú en este país referente a que los niños duerman con sus padres" dijo. "Lo que he hecho en este libro es presentar la evidencia científica. Estudios en todo el mundo demuestran que el colecho hasta los 5 años supone una inversión para el niño. Los niños pueden sufrir ansiedad por la separación hasta los 5 años o más, lo que puede afectarles en la vida posterior. Esto se calma con el colecho". Los síntomas pueden ser también físicos. Sunderland cita un estudio que demostró que un 70% de mujeres que no habían sido consoladas cuando lloraban de niñas, desarrollaron en la edad adulta problemas digestivos.
El libro de Sunderland la enfrenta a gurús de la educación ampliamente leídos como Gina Ford, cuyos consejos son seguidos por miles de padres. Ford aboga por establecer rutinas de sueño para bebés desde una edad muy temprana en cunas "separados del resto de la casa" y enseñarles a los bebés a dormir "sin la ayuda de los adultos". En su libro "Guía completa de sueño para bebés y niños satisfechos" escribe que los padres necesitan tiempo para ellos. "El compartir la cama con los niños termina con frecuencia con los padres durmiendo en habitaciones separadas y con madres exhaustas, una situación que aporta una gran presión en la familia como un todo".
Annette Mountford, jefa ejecutiva de la organización de padres "Lazos de familia" confirmó que la norma en Inglaterra para los niños era animarles para que durmieran en sus camas y sus cunas, a menudo en habitaciones separadas, desde una edad temprana. "Los padres necesitan su espacio" dijo. "Existen beneficios claros en el hecho de introducir a los niños en su propia rutina de sueño en su propio espacio"
Contrariamente, Sunderland dice que cambiar a los niños a sus camas desde que tienen semanas de edad, incluso si lloran por la noche, ha demostrado incrementar el nivel de cortisol. Estudios con niños menores de 5 años demuestran que en más del 90% de los casos, el nivel de cortisol aumenta cuando van a la guardería y en el 75% de los casos disminuye al volver a casa.
El profesor Jaak Panksepp, especialista en neurociencia de la Universidad Estatal de Washington y que ha escrito el prólogo del libro, dice que los argumentos de Sunderland son "una historia coherente consistente con la neurociencia. Una sociedad avanzada debería tenerlo en cuenta".
Sunderland argumenta que poner a los niños a dormir solos es un fenómeno occidental que puede incrementar la posibilidad de muerte en la cuna, también conocida como Síndrome de Muerte Súbita del Lacante (SMSL). Esto puede suceder porque el niño echa de menos el efecto calmante que el estar tumbado junto a su madre ejerce en la respiración y en la función cardiaca. "En el Reino Unido mueren 500 niños al año por SMSL" escribe Sunderland. "En China, donde el colecho es práctica habitual, el SMSL es tan raro que no tiene nombre".
Este artículo ha sido escrito por Sian Griffiths y traducido por Ofelia Urzainqui del grupo Vía Láctea.
2 de febrero de 2011
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