MI BLOG

Soy partera de profesion y de alma y este blog lo he creado para que todos los futuros padres puedan informarse y prepararse para el hermoso momento del nacimiento , tambien para que descubran lo maravilloso del parto natural. Y cuando ya el bebe nacio hay muchas cosas que aprender , eso tambien voy a tratar de postear ara que este blog les sirva de mucha ayuda.
Espero que lo visiten y hagan sus comentarios .Su opinion es muy importante para mi

martes 31 de enero de 2012

PAGINAS MUY BUENAS





¿EN QUÉ CONSISTE EL PARTO?

Es la fase más breve. fácil y segura de la reproducción y la única que dado el caso, la mujer puede realizar completamente sola, aunque ello no sea deseable, no por la parte física, sino por la psicológica por que el parto provoca una emoción tal que es conveniente compartirla con una persona amada, el más indicado de todos, el padre del bebé que es bueno que comparta su nacimiento.
El parto es la etapa final, aquella en la que se recoge el fruto, es resultado de una larga espera, el momento en que se satisface una gran ilusión.
Físicamente el parto no es más un simple trabajo muscular. Las fibras longitudinales del útero “tiran” del cérvix hacia arriba, hacia el fondo del útero, al contraerse, al disminuir su longitud, obligando a que el cérvix se acorte, se aplaste y desaparezca, absorbido por la parte inferior del útero.
Tras un descanso más o menos breve, las contracciones se reanudan, dirigidas siempre hacia arriba y van agrandando poco a poco el orificio cervical, a lo cual 0’¡contribuye la bolsa de las aguas, cuya elasticidad permite que se insinúe dentro del orificio, por pqueño que éste sea. A cada contracción, el útero se achata y se achica y el agua que no puede achicarse, lo que hace es tomar presión y expande la parte de la bolsa introducida en el orificio, con la fuerza, hidraúlica, a la vez suave y potente del líquido contenido en ella.
Cuando la dilatación alcanzaun diámetro entre 8 y 10 centímetros, si el feto está en su debido posición, el primer diámetro que presentará a su salida será el bioccipital,
unos 7 cm. Si la mujer permanece en pie, el feto caerá en la vagina por su propio peso, lubricado por el vernix caseoso, destinado, precisamente a hacerle resbalar.
La vagina es de un tejido sumamente elástico y está separada del recto por un tabique muy delgado. La parturiente tiene la sensación de tener el recto eccesivamente occupado y su cerebro se persuade también de ello. A la salida del feto, el útero se retrae, las contracciones cesan y hay en período de descanso, como una recuperación de fuerzas preparándose para el alumbramiento, pero la mujer está muy molesta, con aquel bulto empujando contra el tabique recto/vaginal y el cerebro decide dar la orden de vaciar el recto, por el mismo procedimiento que se vcía siempre, por la contracción de los músculos abdominales, presionan de afuera a adentro y obligan al feto a salir, pero éste se encuentra en su camino un obstáculo inesperado: por la parte posterior ha salido ya parte de la cabeza, desde la coronilla al cogote, pero por delante, la cara está aún dentro de la vagina. Las eminencias frontales se han quedado paradas contra el pubis materno. Para colmo de desdichas, el periné ha decidido convertirse en canal blando del parto e impide la salida del feto, colocándose, como si fuera un capuchón sobre la cabeza fetal. ¡Vaya un problema! En el hospital lo arreglan rápidamente, con un buen tijeretazo, pero merece la pena pararse a pensar ¿por qué se comportará el periné en el parto de un modo tan extravagante?
El organismo humano es una máquina perfecta, todo vale para algo, cada órgano, cada parte del cuerpo, tiene una misión útil y concreta. Ya se sale que el periná es el suelo del abdomen que ejerce un importante papel coadyudando a sostener ensus debida posición las vísceras abdominales, pero esa intrusión en el parto, como para ne dejar salir al pobre feto, tratando de impedir o, por lo menos, retrasar su llegada a este mundo. Le di muchas vueltin en mi magín a este problema y, de repentehallé, como por milagro, la solución: La Naturaleza ha previsto que para el feto es un gran “choc” encontrarse, de pronto en un Mundo desconocido y, de momento adverso y a encargado al periné que se encargue de que el feto salga despacito, poco a poco, suavemente. ¡Pobre periné! Se juega la vida por evitar que el feto sufra al nacer bruscamente. ¡A me daba pena ver como que ponía pálido, transparente, casi como un cristal y tan frágil como si lo fuera! A todas las comadronas de mi época, nos enseñaban a proteger el periné, en la Escuela de Matronas, en las Maternidades de lasque entonces había varias muy buenas, lo aprendíamos unas matronas de otras, discutíamos si la maniobra de Olshausen era mejor o peor que la clasica de Bumm. Que periné quedara intacto, como si la mujer no hubiera parido, era motivo de orgullo profesional para todas y cada una de nosotras. Protegíamos los perinés con suavidad y amor, ibamos retirando, poco a poco nuestras manitas, mientras el periné se iba arrugando de nuevo y detrás de la frente surgían los ojos, la nariz, la boca y la barbilla del feto que salía como no por arte de birlibirloque, sino gracias a que el feto sabía hacer, sin que nadie se lo hubiera enseñado, aquellos cuatro movimientos, de rotacuón interna, flexión, deflexión y rotación externa, que todas habíamos estudiado. No sé si a mis colegas les pasaba lo que a mí, que me quedaba extasiada y maravillada al ver con cuantan precisión y limpieza los ejecutaban los fetos, ¡como si no fuera la primera y única vez que nacían, como si estuvieran acostumbrados a nacer, a respirar, a mamar! ¡¡Todo lo sabían hacer solos!! Siendo hijos de unas madres que no sabían parir, pero que tampoco tenían miedo, que soportaban estoicamente los dolores, que creíamos inevitables del parto y se olvidaban de ellos apenas tenían al bebé en sus brazos. ¡Que gratificante era ser matrona entonces, cuando el parto era un grato y alegre acontecimiento familiar, cuando cada bebé traía no un pan bajo el brazos, aunque buena falta nos hacía, sino sonrisas, amor y paz.
Consuelo Ruiz Vélez-Frías
Ha sido mujer, madre, matrona, , (ha fallecido en el año 2005) y nos ha dejado un legado de buen saber.

Mudanza , algunos rincones de casa

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Martin , Ignacio y Yo
El rey de la casa 



sábado 28 de enero de 2012

Control de esfinteres ..desde proyecto materna !

Retirar el pañal o controlar esfínteres: el huevo o la gallina

El control de esfínteres y la retirada del pañal son conceptos distintos y, sin embargo, en ocasiones, los confundimos. Un niño al que se le retira el pañal sin estar preparado para ello seguirá sin tener el control de esta función aunque nos empeñemos en lo contrario

E incluso puede ser perjudicial. Hay muchos niños a los que, si fuésemos sinceros con nosotros mismos, deberíamos volver a poner el pañal una vez retirado, pues se ve claramente que lo hemos hecho demasiado pronto. Lo que ocurre es que nos parece un retroceso, asumimos como un fracaso educativo el que nuestros hijos continúen con pañal. Y así, nos empecinamos en seguir adelante, aplaudiendo la mínima señal de continencia. Sin embargo, aunque ya no moje la ropa y el suelo a todas horas, habrá que tener en cuenta otros aspectos. Si un niño se hace pis cuando se ríe, cuando se pone nervioso, cuando se olvida de ir al lavabo, cuando está demasiado concentrado en una actividad quiere decir que no tiene el tema controlado. A los adultos no nos pasa ninguna de esas cosas... simple y sencillamente porque sí controlamos. Así que no confundamos el hecho de que nuestro hijo (y nosotros) pueda andar con cierta dignidad por la calle, sin mancharse ni manchar, con que el control de esfínteres sea una realidad.

Ahora bien... ¿por qué no esperamos a retirar el pañal cuando realmente el niño esté preparado? Al margen de las valoraciones en función de un pretendido éxito o fracaso educativo, que ya hemos apuntado, hay otras posibles explicaciones, y vamos a hablar de ellas.

En primer lugar, existe un consenso casi unánime en que para que los niños controlen esfínteres, hay que enseñarles, y eso se consigue a través de la retirada del pañal. Sin embargo, lo ideal sería hacerlo exactamente al revés: esperar a quitar el pañal cuando el niño esté preparado para ello, es decir, cuando pueda controlar esfínteres por sí mismo. Esta idea, en general, produce cierto temor. Se suele creer que si uno no le retira el pañal al niño, éste nunca llegará a controlarse, y tendrá problemas de incontinencia. Lo cierto es que, a no ser que haya un problema funcional real, ningún adulto tiene problemas con el control de esfínteres. Lo que nos hace sospechar que se trata de un proceso madurativo propio del ser humano, y no un objetivo educativo que las familias o las escuelas deban asumir como propio. Desde este punto de vista, en vez de retirar el pañal y correr con el orinal detrás de nuestros hijos, sería mucho más cómodo para todos (sobre todo para los niños, que no se sentirían presionados ni evaluados) esperar a que el propio niño nos diga que ya no necesita el pañal.

Además de este temor, existe un problema logístico añadido. El inicio de la Educación Infantil. En la mayoría de las escuelas de nuestro país, por no decir en la totalidad de ellas, no se admiten niños con pañal. Sabemos que es un problema real de tiempo y atención para una sola maestra o maestro tener 20 niños a los que cambiar y limpiar, pero habría soluciones intermedias si hubiera verdadera intención, por parte de las instituciones educativas, de encontrar alternativas. Pero la realidad es que no se asumen estas posibilidades porque no es sólo una cuestión de recursos humanos, sino de lo que entendemos que un niño debe o no debe saber a una determinada edad. Y pensar que todos los niños, a los 3 años (algunos a los 2 años y 9 meses) deben tener controlada esta función corporal es, cuanto menos, una idea difícil de materializar.

La realidad es que cada niño controla esfínteres a una determinada edad, igual que cada niño habla, anda o salta a una determinada edad. El que se asuma habitualmente que a partir de los 2 años debemos empezar a retirar el pañal tiene más que ver con la universalización de la educación infantil, que aún sin ser obligatoria se ve como necesaria (ésta es otra historia que ya trataremos) y de las condiciones que ésta nos impone para admitir a nuestros hijos. Así que, si estamos hablando de un proceso madurativo que tarde o temprano llega a su fin, ¿por qué empeñarnos en hacer pasar a los niños por este mal trago? Dejemos a cada niño seguir su ritmo y encontrarse seguro con su cuerpo antes de imponerle una convención social.

Fuente:

http://proyectomaterna.blogspot.com

Otra de laura Gutman y que bien me vino en este momento !!!!

Esfínteres: control y autoritarismo
Si estuviéramos en una isla desierta con nuestros niños, y contempláramos al bebé humano, con la misma celeridad con la que observamos a los animales, constataríamos que el control de esfínteres real se produce mucho más tardíamente de lo que nuestra sociedad occidental tiene ganas de esperar.

Lamentablemente, en lugar de examinar cuidadosamente cómo suceden las cosas, elaboramos teorías que luego pretendemos imponer esperando que funcionen.

Hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, con lo que este tema se ha convertido en todo un problema. Si observáramos sin prejuicios el proceso natural, estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro años. ¡Qué importa!

Sin embargo los adultos -sin pedir permiso a los niños- ¡Les sacamos los pañales mucho antes! Esto significa que les arrebatamos el sostén, la contención, la seguridad, el contacto, el olor, agregándoles la exigencia de una habilidad para la cual no están aún maduros. Que el niño nombre “pis” o caca” no significa que cuente con la madurez neurobiológica para controlar dicha función.

Sacar los pañales porque “llegó el verano”, decidir que ya tiene dos años y tiene que aprender, responde a la incomprensión de la especificidad del niño pequeño y de la evolución esperable de su crecimiento. Cabe preguntarnos porqué los adultos estamos tan ansiosos y preocupados por la adquisición de esta habilidad, que como otros aspectos en el desarrollo normal de los niños, llegará a su debido tiempo, es decir cuando el niño esté maduro.

Controlar esfínteres no se aprende por repetición, como leer y escribir. Se adquiere naturalmente cuando se está listo, como la marcha o el lenguaje verbal.

Ahora bien, si no estamos dispuestas a rendirnos ante la sabiduría del tiempo interno de cada niño, las mamás lucharemos contra los pis que se escapan, las bombachas y calzoncillos mojados, las sábanas y colchones al sol, los pantalones interminables para lavar, mientras acumulamos rencor, hastío y mal humor en la medida que creamos que nuestros hijos “deberían haber ya aprendido”. En cambio, si dejamos a los niños en paz, después de los tres años, o cerca de los cuatro años, (sin olvidar que cada niño es diferente) simplemente un día estará en condiciones de reconocer, retener, esperar, ir al baño, sin más trauma y sin más vueltas que lo que es: controlar con autonomía los esfínteres.

A mi consultorio llegaron durante años niños con problemas de enuresis de 5, 6, 7, 8 años e incluso de mayor edad. La mayoría de ellos, se hacen pis sólo de noche, mientras duermen. Invariablemente les han sacado los pañales alrededor de los dos años. Los casos de enuresis sonmuy frecuentes, pero habitualmente no nos enteramos porque de eso no se habla. Total quedan como secretos de familia. He comprobado que cuando las mamás aceptan mi sugerencia de volver a ponerles pañales (caras de horror), los niños los usan el mismo lapso de tiempo que hubiesen necesitado desde el momento en que se los sacaron hasta que hubiesen podido controlar esfínteres naturalmente.

Como si recuperaran exactamente el mismo tiempo que les fue quitado. Y luego, sencillamente se acaba el “problema”. Hay padres que opinan que “es contradictorio volver a poner un pañal una vez que se tomó la decisión de sacarlo”. En realidad en la vida probamos, y damos marcha atrás si es necesario y saludable. Simplemente diremos: “creí que estabas listo para controlar los esfínteres, pero obviamente me equivoqué. Te voy a poner el pañal para que estés cómodo, y cuando seas un poco mayor, estarás en mejores condiciones para lograrlo”. Es sólo sentido común. Se alivian las tensiones y finalmente el control de esfínteres se encausa.

Los niños -frente a la demanda de los adultos- hacen grandes esfuerzos para controlar sus esfínteres, pero ante cualquier dificultad emocional -por pequeña que sea- se derrumba el esfuerzo desmesurado y se escapa el pis. Luego vienen las interpretaciones: “me tomó el tiempo”, “me lo hace a propósito”, “él sabe controlar pero no quiere”.

Entiendo la presión social que sufrimos las mamás. Hay jardines de infantes que no aceptan niños en salas de tres años con pañales. Hay pediatras, psicólogos, y otros profesionales de la salud, además de suegras, vecinas y amigos bienintencionados que opinan y se escandalizan. Pero es posible sortearla con un poquito de imaginación: los pañales son descartables, baratos y anatómicos, lo que les permite a los niños ir a jugar, ir a un cumpleaños, al jardín, sin tener que pasar por la humillación de mojarse en todos lados. Hay quienes no quieren ir al jardín a causa de la probabilidad de hacerse pis. Otros se vuelven tímidos, otros especialmente agresivos mojando cuanta alfombra encuentran a su paso.

Por otra parte, hacer “pis” no es lo mismo que desprenderse de la “caca”. Muchos niños que controlan perfectamente el pis, piden el pañal para hacer caca. Es importante que les ofrezcamos lo que están pidiendo, porque nadie pide lo que no necesita. ¿Cuál es el motivo para negárselo?

Yo espero humildemente que alguna vez nos demos cuenta del grado de violencia que ejercemos contra los niños, envueltos en exigencias que no pueden satisfacer y que se transforman luego en otros síntomas (angustias, terrores nocturnos, llantos desmedidos, enfermedades, falta de interés) que hemos generado los adultos sin darnos cuenta.

Acompañar a nuestros hijos es aceptar los procesos reales de maduración y crecimiento. Y si sentimos rechazo por algún aspecto, entonces preguntémonos qué nos pasa a nosotros con nuestros excrementos, nuestros genitales y nuestras zonas bajas que nos producen tanto enojo. Dejémoslos crecer en paz. Alguna vez, cuando sea el momento adecuado controlarán sus esfínteres naturalmente, así como una vez pudieron reptar, gatear, caminar, saltar, trepar y ser hábiles con sus manos. No hay nada que modificar, salvo nuestra propia visión.


Laura Gutman

martes 15 de noviembre de 2011

El nacimiento desde la mirada del bebé. De Jean Sutton

Los bebés están a cargo del proceso de nacimiento y dirigen la obra desde la concepción, entonces, por qué no les preguntamos qué es necesario para un final exitoso?

Para un nacimiento seguro y simple algunas cosas son básicas.

  1. Un bebé en posición óptima

  2. Una madre erguida y en movimiento a lo largo del primer periodo de parto (borramiento y dilatación).
  3. El diagnóstico apropiado del inicio del segundo periodo del trabajo de parto (descenso y salida).
  4. Una madre con una pelvis "abierta", para proveer el máximo espacio utilizable.
  5. Evitar interferencia por parte de quienes lo atienden.
  6. Un "cacher de bebé" detrás de la madre o de rodillas más abajo que ella.

Existe verdaderamente sólo un ángulo apropiado para nacer. Hasta ahora, el 85% de los bebés la eligen – cabeza abajo con su espalda hacia el frente izquierdo de la madre. Los siguientes bebés tienen más opciones.

La segunda opción es cabeza abajo y espalda hacia el frente derecho de la madre. Ésta es menos viable para primerizos debido a la forma de pera que tiene el útero, una característica inclinación hacia la derecha y un giro hacia la izquierda en la base. Con los bebés que siguen el útero tiene más forma de manzana y esto provee mayor espacio.

Cuando la madre opta por la posición vertical y se mantiene en movimiento, la entrada de su pelvis se amplía. Esto favorece que bebé acomode la parte posterior de su cabeza hacia el frente. Percibir esta presión también ayuda a bebé a efectuar los cambios que necesita. Bebé necesita flexional la cabecita hacia su pecho, para que el diámtro menor pase por el cuello uterino. El único dolor que debe sentirse es por la expansión el cuello uterino. Mayor dolor siempre nos habla de que algo no está funcionando de manera óptima.

Fase de receso y gratitud (“siesta”)

Las últimas contracciones de la primera parte pueden ser avasalladoras. El cuello se abre al máximo y la cabecita de bebé se avoca hacia la vagina.De repente, todo parece llegar a un alto. Madre, bebé y útero necesitan un descanso. Aquí es donde, si se pasa por alto esta fase, el problema puede comenzar. Bebé debe terminar de rotar, colocando ambos hombros frente al pubis de mamá. Si esta parte es ignorada puede tardarse de minutos a horas debido a que la bebé puede permanecer con uno de sus hombros en el borde del cuello uterino sin poder descender. Aunque la madre puje mucho será inútil. Además, los músculos del útero también necesitan cambiar su acción. Hasta este punto han estado acortándose y abriendo el orificio del cuello. Ahora, deben modificarse para el trabajo de expulsión.

Segundo periodo

Si nadie interviene, el bebé nacerá por sus propios esfuerzo y aquellos del útero. Pujar no será necesario. Los nervios controlando esta parte del proceso yacen entre la uretra y la vagina (parte interna del clítoris). Cuando la cabeza de bebé los toca, algo casi increíble sucede. El sacro, parte posterior de la pelvis se mueve hacia atrás, empujando las paredes laterales hacia afuera conforme esto sucede. Esto aumenta el espacio pélvico y el diámetro entre las espinas isquiáticas se incrementa. Los libros de texto establecen que en ese momento existen 16 cms entre la parte anterior y la posterior de la pelvis.

Al mismo tiempo, usualmente la madre tiene una reacción espectacular: con los brazos hacia arriba, la espalda arqueada, el tronco hacia abajo y las rodillas flexionadas. Necesita un sostén firme de donde tomarse por delante o sentirse apoyada por detrás.

Lo más importante es que permanezca con las rodillas alejadas de su cuerpo para que la pelvis se mantenga lo más abierta posible.

Si sus rodillas son levantadas hacia su cuerpo, los hombros del bebé no tendrán espacio para efectuar los movimientos necesarios; la madre puede sentir deseo de pujar, pero éste no será efectivo.

En cambio, si mantiene su cuerpo hacia adelante, el bebé se recargará en el pubis de la madre, y descenderá rotando sus hombros y deslizando su cuerpo. Cuando nos colocamos frente a la madre, ella inevitablemente mueve su pelvis alejándola de nosotros, empujando al bebé hacia los nervios de pujo. Si una mujer tuviera que dar a luz sola, el bebé nacería por la parte inferior de su abdomen, viendo hacia el suelo.

Muy pocas madres intentan levantar de inmediato a sus bebés después de nacer. Ellos necesitan drenar los fluídos de sus pulmones antes de respirar por primera vez. Todo este proceso se lleva a cabo en el sistema nervioso autónomo, sin nosotros controlarlo.

Sin embargo, los seres humanos, como somos, necesitamos hacer algo. ¿Cómo es que no podemos aceptar que un bebé que estuvo dirigiendo la obra por 9 meses va a poder finalizarla? No es la responsabilidad de la madre “hacerlo”, pero sí de ayudar a bebé a lograrlo. La mirada de uno que “se hizo nacer” es fascinante tan sólo a los pocos minutos de nacido.

De dónde procede la idea del pujo a propósito es un misterio para mi. Cuando empecé a trabajar en las unidades de atención materna, las mujeres no podian pujar aunque quisieran. Estaban sedadas pues a la mayoria se les administraba cloroformo o trileno conforme avanzaba el trabajo de parto. Por lo general, se encontraban dormidas cuando el bebé salía. Por supuesto, se las colocaba acostadas de su lado izquierdo, y la partera o el médico, detrás de ellas, ayudaba a la bebé a salir. La norma eran los partos asistidos.

Los bebés de las paraplégicas nacen sin ser ayudados. Si ellos pueden hacerlo, ¿por qué no los otros?

Jean Sutton es madre, abuela y partera cuyo entornos han sido las granjas y la ingeniería. Las observaciones y estudios a lo largo de toda su vida acerca de los procesos del parto normal la condujeron a escribir su libro Comprensión y enseñanza de el posicionamiento óptimo fetal, trabajo pionero en esta àrea, co autora Pauline Scott, Ha ayudado a muchas mujeres a gozar del milagro divino de tener un parto directo, sin desviaciones de lo normal.

"Birth from Baby's View" fue publicado en Midwifwery Today, Verano 2011, y traducido al castellano por Sofía Albanell y Laura CaoRomero


viernes 11 de noviembre de 2011

Si quieres intentar un parto vaginal después de cesárea

Extraido de la pagina de El Parto es Nuestro

Revista AIMS (Asociación para la Mejora en los Servicios de Maternidad), primavera 2002, vol. 14, nº 1

En este artículo, Gina Lowdon y Debbie Chippington Derrick exploran las razones de las bajas tasa actuales de PVDC,s y qué pueden hacer las mujeres para conseguir más puntos a su favor.

Traducción: Vicky Linares – El Parto es Nuestro

La respetadísima “Guía para un cuidado efectivo del embarazo y parto” afirma: “La asistencia a una mujer de parto después de una cesárea previa en el segmento inferior debería diferir muy poco de la de cualquier mujer de parto” (1)

A pesar de la evidencia que apoya la seguridad y conveniencia del PVDC (parto vaginal después de cesárea), las madres que han sufrido una o más cesáreas son llevadas a pensar frecuentemente que el PVDC es una opción arriesgada que bien puede convertirse en peligrosa, especialmente para el bebé. Esta impresión se enfatiza aún más por los “protocolos hospitalarios”, que dictan el “manejo” de la mujer que está de parto tras una cesárea previa. Dichos protocolos varían en contenido y flexibilidad de un hospital a otro y de un especialista a otro. Cada matrona varía también enormemente en cuán estrictamente se adhiere su ejercicio a los protocolos de su unidad.

Los protocolos para el manejo de PVDC,s, o “pruebas de cicatriz”, o “pruebas de parto” (expresiones que algunos hospitales persisten en usar) a menudo incluyen algunos o todos los apartados siguientes:

• No inducción. Es habitual no inducir a las madres PVDC que están cumplidas.

• Ingreso temprano. A menudo se dice a las madres que acudan al hospital en cuanto comience el parto.

• Monitorización electrónica fetal continua.

• Poner un gotero intravenoso o al menos una vía, de forma que se pueda administras un gotero rápidamente si es necesario.

• Limitación de la duración de la primera fase del parto.

• Limitación de la duración de la segunda fase del parto.

A excepción de “no inducción”, no parece que haya evidencia probada que muestre que el uso de dichas medidas sea beneficioso para las madres o los bebés, y hay razones de peso de que para la mayoría de las mujeres y de los bebés dichas restricciones del curso natural del parto van en su detrimento.

Pocas mujeres se enteran de que esos protocolos, que están hechos para guiar la práctica de los profesionales de la maternidad, no son vinculantes legalmente para las mujeres embarazadas, que no tienen obligación de cumplirlas. Además, la mayoría de las mujeres son llevadas a creer que si no se someten y cumplen las “normas” pondrán al bebé en peligro. Muchas mujeres tienen también la impresión de que si no consienten entonces ya no se les proporcionará atención, si surge o cuando surja la necesidad. En realidad se deja a las mujeres sin elección real y con poco control.

Las madres PVDC normalmente se enfrentan a un parto altamente medicalizado, orquestado mediante medidas y una escala de tiempo dispuesta para ellas por el hospital sin consultarles y sin consideración con sus necesidades individuales. Precisamente estas son normalmente las condiciones que causaron que una cesárea previamente evitable se convirtiera en necesaria y también son las condiciones que algunas madres se dan cuenta ahora que necesitan evitar si quieren maximizar sus oportunidades de lograr un parto vaginal.

El mensaje de que las madres PVDC son de “alto riesgo” se está afianzando fuertemente. Según el “National Sentinel Caesarean Report”, en algunas maternidades sólo al 8% de las madres con cesárea se les ofrece una “prueba de parto”. La media nacional de PVDC,s es sólo del 33% y el rango entre maternidades varía del 6 al 64%. (2) Aquellas a quienes se ofrece un PVDC a menudo han experimentado un parto anterior difícil y altamente medicalizado, que no desean repetir. A muchas mujeres las restricciones adicionales impuestas por los protocolos para PVDC de los hospitales les parecen desalentadoras y muy preocupantes. Las madres se preguntan de dónde sacarán la fuerza suficiente, tanto mental como física, para someterse a tal catálogo de intervenciones, pero carecen de la información y el valor necesarios para afrontar el supuesto riesgo de ir en contra del “consejo” de los profesionales sanitarios.

La mayoría de las mujeres preferirían experimentar un parto vaginal sin rodeos, sin intervenciones y apoyado apropiadamente. No obstante, las mujeres quieren lo mejor para sus bebés y sería rarísimo encontrar una mujer que estuviera preparada para ir a por un parto vaginal a cualquier precio. Es una muestra de la fuerza del deseo de tener un parto vaginal el hecho de que muchas mujeres continúan pariendo pese a las condiciones que les son impuestas.

Si una mujer siente que no podrá mantener el control durante el parto, puede que en cambio prefiera optar por un procedimiento quirúrgico que sería más predecible. En el mundo moderno de hoy, las intervenciones de los procedimientos quirúrgicos son a menudo más familiares que los procesos de un parto vaginal. Mucha gente conoce a alguien que ha soportado la cirugía sin encontrarla traumática, aunque no lo hayan pasado ellos. Así, las madres pueden ver la cirugía como una prueba que sienten que serán capaces de soportar. Además, las madres no tienen motivos para creer que los profesionales sanitarios puedan darles algo que no sea la mejor información y cuidados. Pocas mujeres son conscientes de que si se les da información suficiente, serán capaces de tomar sus propias decisiones sobre qué medidas son apropiadas y aceptables, y cuáles no son ni útiles ni beneficiosas, y así lograr mantener un grado de control con el que sentirse cómodas.

Las mujeres informadas normalmente son capaces de parir con confianza en sí mismas si son libres para hacerlo a su manera, y podrán tanto lograr un buen parto vaginal, como cambiar a una cesárea antes de que el parto haya degenerado en una prueba de resistencia horrendamente desagradable.

Inducción

Algunos especialistas continúan induciendo a las madres con cicatrices en el útero a pesar de los riesgos añadidos. El uso de los óvulos de gel de prostaglandinas se generalizó a finales de los años 80 y están creciendo los temores sobre el efecto que podrían estar teniendo en el tejido cicatrizal del útero de mujeres susceptibles. En artículos anteriores de esta Revista (ver Revista AIMS, otoño 2001) se ha tratado sobre la importante preocupación relativa al uso de misoprostol en particular y óvulos de gel de prostaglandina en general. Realmente ahora hay evidencia suficiente para sugerir que la inducción rutinaria de madres PVDC debería evitarse y que cuando sea necesaria debería realizarse con gran cuidado.

Las madres que tienen embarazos prolongados se encuentran, por tanto, en una posición difícil y a menudo bajo presión para aceptar una cesárea electiva. Se les cuentan historias de terror de placentas que fallan a las 42 semanas, y de bebés que crecen tanto que el esfuerzo en la cicatriz va a producir una rotura segura.

Aunque existe evidencia de que reducir el número de mujeres que alcanzan la semana 42 de gestación sí mejora los resultados, los riesgos que entraña un embarazo prolongado son muy pequeños. La FPP puede variar también en varios días dependiendo del método usado para calcularla.

No hay evidencia que respalde el miedo a que los bebés grandes pueden producir con más probabilidad una rotura uterina, y de hecho muchos embarazos gemelares acaban en PVDC,s. Algunas madres PVDC han parido bebés sanos y muy grandes, algunos de los cuales han venido tras hermanos mucho más pequeños nacidos por cesárea. La no progresión o sufrimiento fetal raramente se deben a una pelvis pequeña o a la incapacidad de parir de una madre; es más probable que la causa sea la falta de apoyo y un parto sobre-medicalizado.

Menos consideración, si es que se le da alguna, se da al caso de la madre que ha tenido un embarazo sano, que quizás tiene un ciclo menstrual largo, las muchas que quizá han concebido más tarde en su ciclo, la que en su historia familiar tienden a embarazos largos, que puede estar destinada por naturaleza a tener un embarazo largo, y cuyo bebé está activo y sano y simplemente no está listo para nacer aún.

Si partimos de que la madre tiene la seguridad de que su bebé está bien, puede preferir evitar los riesgos de una inducción o una cesárea electiva, prefiriendo en su lugar dejar que la naturaleza siga su curso sin interferencias. No debería corresponder a la madre el rechazar las intervenciones médicas rutinarias, sino que correspondería a los profesionales sanitarios el convencer a cada madre individualmente sobre si cualquier intervención es necesaria o ventajosa en su caso particular.

Ingreso temprano

A menudo se aconseja a las madres PVDC acudir al hospital en cuanto comienza el trabajo de parto. Siendo el fundamento de tal consejo que la cicatriz uterina podría romperse, lo que deja a algunas madres aterrorizadas ante la primera contracción.

La probabilidad de rotura de la cicatriz uterina más citada es del 0,5% o de una por cada 200 PVDC, la inmensa mayoría de las cuales son benignas (sin causar problemas ni a la madre ni al bebé). Las complicaciones serias de la rotura de la cicatriz uterina son muy escasas.

Todos los embarazos conllevan riesgos y durante el parto de cualquier mujer podrían surgir problemas serios y potencialmente mortales. Por ejemplo, el prolapso del cordón umbilical tiene una incidencia del 1%, (3) el doble que la rotura uterina, y aun así a este peligro potencial no se le menciona continuamente con el mismo grado de énfasis que se le da al riesgo menor de una rotura uterina seria. De hecho, muchas mujeres embarazadas pasan un embarazo entero sin que se lo mencionen una sola vez. Parece injusto que se incida en el pequeño riesgo adicional de la cicatriz uterina como una táctica especial para asustar, y uno debe preguntarse la razón de esto.

Una madre que no teme por el bienestar inmediato de su bebé puede preferir pasar en casa la fase temprana del trabajo de parto, esperando a que el parto esté bien establecido y sienta que es el momento adecuado para acudir al hospital.

En contra de lo que muchos piensan, el parto domiciliario es una opción para las madres PVDC y hay muchas mujeres que han ejercido este derecho tras dos o más cesáreas. De hecho hay grandes razones para creer que dar a luz en casa puede ser más seguro que un parto hospitalario ya que habrá más probabilidades de que se deje al parto seguir su curso natural y se evitan los riesgos asociados a diversas intervenciones rutinarias en los nacimientos.

Monitorización Fetal Electrónica (MFE) Continua

Muy frecuentemente se informa a las mujeres de que será necesaria la monitorización fetal electrónica continua si hay antecedentes de cesárea. Numerosos estudios han mostrado que la monitorización fetal, mientras que aumenta la probabilidad de cesárea, no mejora los resultados para las madres o los bebés. Suponiendo que no haya signos de nada en contra, las madres PVDC no deberían necesitar ninguna monitorización fetal por encima de la que es apropiada normalmente para todas las madres.

La separación de la cicatriz con graves consecuencias es un hecho poco común y consecuentemente se sabe muy poco de los posibles signos de aviso. Algunos profesionales son de la opinión de que la monitorización del pulso materno proporcionaría la indicación más temprana de problemas potenciales.

La ley obliga a los profesionales médicos a recabar el consentimiento de un paciente antes de que se le administre cualquier tipo de tratamiento o cuidado. A menudo, especialmente cuando se usan procedimientos de “rutina” durante el parto y nacimiento, el consentimiento tiende a darse por hecho más que pedirlo, dejando la responsabilidad de rechazarlos a la madre.

Por difícil que parezca, las madres tienen derecho a rechazar el tratamiento que se les ofrezca. De hecho, correspondería al personal sanitario asegurarse de que se ha obtenido el consentimiento informado, lo cual significaría que se han explicado los posibles efectos secundarios y/o riesgos de cualquier tratamiento. El tratamiento apropiado no puede ser ni denegado ni retirado, por lo que si a los pocos minutos o al cabo de un rato una madre cambia de opinión o decide que las circunstancias merecen la intervención propuesta, entonces el tratamiento puede continuar en ese momento.

Esto se aplica a todas las formas de tratamiento y cuidados, incluyendo todas las intervenciones habituales en los nacimientos, tales como inducción, monitorización fetal, exámenes vaginales, aceleración del parto, o el uso de fórceps o ventosa. Las madres tienen derecho a decir “no, gracias”.

Cualquier tratamiento o cuidado dado tras la negativa clara de la madre o de hecho dado sin el consentimiento de la madre, constituiría una agresión y el profesional sanitario involucrado podría ser susceptible de acciones legales por parte de la madre.

ADMINISTRAR GOTEO INTRAVENOSO

Algunos protocolos hospitalarios para la atención a los PVDC,s incluyen poner una vía intravenosa, son gotero o heparinizada, por si ocurre una emergencia. El riesgo de tal emergencia es muy pequeño; sólo un poco mayor que el de cualquier mujer de parto. En la gran mayoría de casos, si fuera necesario no sería difícil tomar una vía rápidamente. Entonces las madres pueden desear llegar a sus propias conclusiones sobre si esto podría ser de ayuda en su caso.

LIMITACIÓN DE LA DURACIÓN DE LA PRIMERA FASE DEL PARTO

Es habitual poner limitaciones a la duración de la primera fase del parto. El temor es que un trabajo de parto prolongado suponga un esfuerzo indebido para la cicatriz uterina y aumente el riesgo de rotura. No hay evidencia científica que apoye esta teoría. El tiempo que los hospitales “permiten” a las madres estar de parto varía enormemente, demostrando que las opiniones son muy dispares en esta materia.

Cuando se combina con un protocolo de ingreso temprano, las madres PVDC están abocadas al fracaso, ya que la duración del parto se confunde habitualmente con el tiempo que se pasa en el paritorio.

Partiendo de un parto espontáneo y que avanza a su propio ritmo, no hay razón para suponer que las cicatrices quirúrgicas modernas no van a soportar un trabajo de parto normal. De hecho hay casos en los que el parto se ha prolongado durante varios días, acabando en el exitoso nacimiento vaginal de un bebé sano desde un útero intacto. Si se deja a la naturaleza seguir su curso, los partos más largos tienden a desarrollarse más suavemente y no presentan problemas per se.

Cuando una madre está pariendo bien y el bebé no muestra signos de sufrimiento parece un sinsentido trasladar a la madre a quirófano para una operación de urgencia, simplemente porque ha expirado un plazo de tiempo arbitrario. Las condiciones de la madre y el bebé deberían ser los primeros indicadores de si se puede permitir que un parto continúe de manera segura, no el número de horas que cuenta el reloj.

Como se ha explicado anteriormente, no se puede aplicar ningún tipo de tratamiento o cuidado sin el consentimiento de la madre, incluyendo la cesárea. No obstante, hace falta valor para rechazarlo cuando se ha sembrado en la mente de la madre el miedo a que su útero podría romperse y su bebé podría morir en cualquier momento, por remota que pueda ser esta catástrofe en realidad. La madre necesita saber que la evidencia científica avala lo que su propio instinto le dice que, realmente, no está en peligro en ese momento.

LIMITACIÓN DE LA DURACIÓN DE LA SEGUNDA FASE DEL PARTO

También habitualmente se ponen limitaciones a la duración de la segunda fase del parto. Tampoco aquí hay consenso y los límites varían de un hospital a otro. Algunos son tan cortos que muy pocas madres son capaces de “cumplirlos adecuadamente”.

Un gran porcentaje de PVDC,s que acaban en parto vaginal, son “aliviados” con fórceps o ventosa. Los profesionales médicos frecuentemente están tan agobiados por lo que ellos ven como los peligros potenciales de un PVDC, que muchos no tienen la suficiente confianza como para dejar a la madre parir a su propio ritmo. Quieren que el parto acabe lo antes posible, para llegar al punto en el que el fantasma percibido haya pasado.

La fase de transición, que puede preceder a los pujos activos de la segunda fase del parto y puede durar algún tiempo, es a menudo totalmente olvidada y se asume que ha habido expulsivo activo desde que se alcanzan los 10cm de dilatación, cuando en realidad no ha comenzado la fase de expulsión activa. Esto puede crear preocupación sobre la duración o falta de progreso de la segunda fase.

Los límites restrictivos de la duración del expulsivo aumentan también el riesgo de que la madre y el bebé sean sometidos a un parto instrumental, o que se la fuerce a empujar sin la ayuda de las contracciones uterinas, normalmente en una posición en que la gravedad no ayuda.

Para muchas mujeres la perspectiva de un parto con fórceps o ventosa, a menudo junto con una gran episiotomía, es aterradora. Otra cesárea se vería entonces como el menor de dos males.

Claro que una mujer tiene derecho a negarse. Puede preferir pujar algo más, o rechazar la oferta de fórceps o ventosa inclinándose por una cesárea. No tiene por qué aceptar lo que se le ofrece. Si una madre rechaza los fórceps y/o ventosa y se considera necesario un parto rápido entonces se deberá ofrecer la cesárea; y la decisión y el control serán cosa de la madre, no del personal médico.

No obstante, si la única razón a tener en cuenta para necesitar un parto rápido es que se acaba la arena del reloj, y la madre y el bebé se encuentran bien, hay muy poca justificación para arreglar lo que no está roto.

Demasiado a menudo se ignoran las necesidades de las mujeres y se les deniega el control. Otras opciones permanecen ocultas, o se presentan como poco seguras o inaceptables. Frecuentemente se fuerza a las mujeres a seguir los consejos de los profesionales sanitarios contra su propio criterio, en la a menudo errónea creencia de que es la única salida segura o razonable.

Armadas con información veraz, basada en la evidencia científica, las madres PVDC son capaces de tomar las riendas de parir a sus propios bebés. Incluso cuando los acontecimientos no se desarrollan de la forma esperada, si la madre es capaz de mantener el control de la situación y está involucrada en la toma de todas las decisiones, normalmente acabará sintiéndose fuerte y segura de sí misma. Esto contrasta enormemente con las mujeres frecuentemente traumatizadas que surgen de las intervenciones cometidas contra ellas por un sistema de protocolos rígidos.

Parir sin intervenciones requiere de coraje e información suficiente que permita a la madre creer en si misma y en sus instintos. Las madres PVDC pueden parir y paren bebés sanos de forma segura sin excesiva dificultad y sin trauma; y la probabilidad de conseguirlo es mucho mayor si la mujer puede parir a su manera y no a la que marca el hospital.

Referencias

1. A Guide to Effective Care in Pregnancy and Childbirth, Second Edition, Murray Enkin, Marc JNC Keirse, Mary Renfrew, and James Neilson, Oxford University Press, 1996, p293

2. The National Sentinel Caesarean Section Audit Report, RCOG Clinical Effectiveness Support Unit, October 2001, p45

3. Birth After Cesarean, The Medical Facts, Bruce L Flamm, MD, Simon & Schuster, 1990, p105

sábado 8 de octubre de 2011

Cancer de cuello de utero

Desde que trabajo enuna zona alejada de Mendoza, me toco hacer algunas practicas que en la ciudad hacen solo los medicos , una de ellas fue realizar las tomas de Papanicolau y la verdad fue algo dificil al principio porque no sabia muy bien como hacerlo pero el conocer que si no era yo no habia nadie mas en la zona que lo hiciera y ademas la necesidad de las mujeres y su importancia , me hizo ponerme a leer , estudiar , ver videos , consegui hacer unas pasantias en Mendoza y empece a hacerlas.
La respuesta de las mujeres fue inmediata , empece a dar turnos diferidos y ahora ya dispongo de un solo dia para hacerlos , debido a la demanda.Debo decir que gracias a Dios y despues de años sin controles las mujeres resultaron ser sanas en su mayoria , excepto por algunos casos , muy pocos por cierto , entonces me gustaria hacer un pequeño resumen sobre que es el cancer de cuello de utero o de cervix y sus formas de prevencion .
Que es el cuello ?
es la zona mas baja del utero , por aqui sale la sangre del útero durante la menstruacion (período) ,también deja que entren los espermatozoides al útero y a las trompas , para una futura fecundacion y es la zona que se dilata para que salga el bebe en un parto .


Que es el cancer de cuello ?
El cáncer de cérvix constituye el 6 por ciento de los tumores malignos en mujeres, el segundo más frecuente entre todas las mujeres y el más frecuente entre las mujeres más jóvenes. En general afecta a mujeres entre 35 y 55 años. Este tipo de cáncer puede estar ocasionado por un virus (el papilomavirus humano) que se contagia a través de las relaciones sexuales.
Existen algunos factores que se han relacionado con la incidencia del cáncer de cérvix. El factor de riesgo más importante en el desarrollo de lesiones premalignas (CIN) o cáncer de cérvix es la infección por papilomavirus, Otros factores son:
  • El consumo de tabaco.
  • La promiscuidad sexual.
  • Edad precoz de inicio de relaciones sexuales.
  • Número de hijos elevado.
  • Bajo nivel socioeconómico.
  • Menopausia después de los 52 años.
  • Diabetes.
  • Elevada presión arterial.
  • Exposición a elevados niveles de estrógenos.
Cuales son sus sintomas ?
os programas de detección precoz permiten diagnosticarlo en mujeres asintomáticas. Habitualmente el primer síntoma de cáncer de cérvix es el sangrado postcoital o entre dos menstruaciones. También puede ir acompañado de un aumento en las secreciones vaginales, que se hacen malolientes.

Es posible que la mujer no tenga ningún dolor ni síntoma hasta las últimas fases de la enfermedad, pero las Pap realizadas sistemáticamente pueden detectar el cáncer cervical de forma precoz. El cáncer cervical comienza con cambios lentos y progresivos en las células normales y tarda varios años en desarrollarse. Estos cambios progresivos se observan al microscopio colocando las células extraídas mediante la técnica Pap sobre un portaobjetos. Los patólogos han descrito estos cambios en distintos estadios que van desde la normalidad hasta el cáncer invasivo.

Como se previene ?

Se pueden encontrar las células anormales con una citología vaginal o Papanicolau (Pap), que es un examen de las células del cuello uterino bajo un microscopio. Hacerse exámenes Pap periódicamente permite detectar y tratar las células cambiantes, antes de que se conviertan en un cáncer.

Actualmente en nuestro pais se incluyo en el calendario de vacunacion , la vacuna contra el Cancer de cuello que se les coloca a niñas menores de 11 años .

Fuentes :

http://www.dmedicina.com

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus

http://www.cancer.org